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1 de octubre de 2026

El dolor crónico: cuando un síntoma se convierte en una enfermedad y cómo la medicina moderna está transformando el futuro del alivio del dolor

Revisión médica a cargo de:
De la Dra. Sandra Fernandez

El dolor agudo actúa como un sistema de alarma. Advierte al cuerpo sobre una lesión y favorece medidas de protección que contribuyen a la sanación. En cambio, el dolor crónico es diferente. Cuando el dolor persiste al paso del tiempo, el sistema nervioso puede experimentar cambios importantes.

El dolor es una de las experiencias humanas más universales. La mayoría de las personas considera el dolor una señal de advertencia, un síntoma que indica que algo no está bien. Sin embargo, para millones de personas, el dolor no desaparece. Por el contrario, persiste durante meses o incluso años, afectando el sueño, el estado de ánimo, el desempeño laboral, las relaciones personales y el bienestar general. A medida que ha avanzado el conocimiento científico sobre el dolor, los profesionales de la salud han reconocido cada vez más que el dolor crónico suele ser mucho más que un síntoma. En muchos casos, se convierte en una enfermedad en sí misma.

Septiembre es el Mes de la Concientización sobre el Dolor, una iniciativa que busca destacar las dificultades que enfrentan las personas que viven con dolor crónico. Esta afección afecta a millones de estadounidenses y se encuentra entre las principales causas de discapacidad a nivel mundial.

El dolor crónico

Por lo general, se considera dolor crónico aquel que dura más de tres meses o que persiste una vez transcurrido el período normal de recuperación de una lesión o enfermedad.

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Entre las afecciones más comunes asociadas al dolor crónico se encuentran:

  • Dolor de espalda crónico
  • Fibromilagia
  • Trastornos de migraña
  • Dolor relacionado con la artritis
  • Neuropatía (dolor de los nervios)
  • Dolor persistente tras una cirugía o lesión

En algunas personas, el origen del dolor es identificable. La artritis, las afecciones de la columna vertebral o el daño a los nervios pueden seguir generando señales de dolor. Sin embargo, en algunos casos los médicos pueden encontrar pocos indicios de una causa que explique el dolor, a pesar de la intensidad de los síntomas. Esta discrepancia puede resultar frustrante para los pacientes, quienes con frecuencia se sienten frustrados o incomprendidos.

Las investigaciones han demostrado que el dolor crónico suele ser mucho más complejo que una lesión que simplemente no logró sanar. Con el tiempo, pueden producirse cambios en el propio sistema nervioso que alteran de manera fundamental la forma en que el cuerpo procesa y percibe el dolor.

¿El dolor puede convertirse en una enfermedad?

La respuesta breve es sí.

El dolor agudo actúa como un sistema de alarma. Advierte al cuerpo sobre una lesión y favorece medidas de protección que contribuyen a la sanación.

En cambio, el dolor crónico es diferente.

Cuando el dolor persiste al paso del tiempo, el sistema nervioso puede experimentar cambios importantes. El cerebro y la médula espinal pueden volverse demasiado sensibles, provocando que las vías del dolor permanezcan activas incluso después de que los tejidos dañados se hayan recuperado. En algunos casos, las sensaciones que normalmente no causarían dolor pueden volverse dolorosas, mientras que las sensaciones dolorosas pueden percibirse con una mayor intensidad.

Muchos especialistas en el tratamiento del dolor describen este fenómeno como si el sistema del dolor del cuerpo quedara “atorado” en la posición de encendido.

Cuando esto ocurre, el dolor deja de ser simplemente un síntoma de otra afección. Es el propio sistema encargado de procesar el dolor el que comienza a funcionar de manera anormal. Cada vez más especialistas consideran que el dolor crónico es una enfermedad del sistema nervioso, de manera similar a cómo la diabetes afecta la regulación del azúcar en la sangre o el asma afecta la función pulmonar.

Esta nueva forma de entender el dolor constituye uno de los desarrollos más relevantes en la medicina moderna del dolor porque confirma lo que millones de pacientes han experimentado durante años: el dolor es real, aunque una prueba de imagen o un análisis de laboratorio no logren explicar completamente su origen.

Por qué el dolor crónico puede hacer que las personas se sientan enfermas

El dolor persistente somete al cuerpo a un estado constante de estrés. El sistema nervioso permanece activado, las hormonas relacionadas con el estrés podrían mantenerse elevadas, el sueño suele verse alterado y la actividad física con frecuencia disminuye.

Con el tiempo, estos cambios pueden contribuir a:

  • Fatiga crónica
  • Poca energía
  • Mala concentración
  • Problemas de memoria
  • Dolores de cabeza
  • Problemas digestivos
  • Disminución del apetito
  • Pérdida de condición física

Imagínese tratando de concentrarse mientras una alarma de incendio suena constantemente de fondo, hora tras hora, todos los días. Con el paso del tiempo, el agotamiento físico y mental resulta inevitable.

Muchos pacientes con dolor crónico describen una sensación similar a la de tener gripe pero sin una infección. El cuerpo se siente agotado, adolorido y abrumado, a pesar de que no exista una enfermedad activa.

El estrecho vínculo entre el dolor y la salud mental

Uno de los efectos más importantes del dolor crónico, y que suele pasar desapercibido, es el impacto que puede tener en la salud emocional.

Vivir con dolor todos los días puede ser agotador. Las actividades que antes disfrutaba pueden volverse difíciles o incluso imposibles. Las relaciones con familiares y amigos pueden verse afectadas negativamente. Los planes personales o profesionales pueden verse interrumpidos y el dolor puede alterar el sueño noche tras noche.

Estas dificultades pueden contribuir a la ansiedad y la depresión.

Sin embargo, la relación entre el dolor y la depresión va más allá de los desafíos emocionales que implica vivir con dolor. Actualmente, los científicos saben que el dolor y la depresión comparten vías cerebrales y neurotransmisores.

Esto da lugar a una relación bidireccional:

  • El dolor crónico puede aumentar el riesgo de depresión
  • La depresión puede intensificar la percepción del dolor

Es importante destacar que esto no significa que el dolor esté “solo en su mente”.

El dolor es real.

Más bien, refleja la estrecha relación que existe entre la salud física y la salud emocional. Cuando una se ve afectada, la otra también suele resentirse. Algunas señales comunes de depresión en las personas que viven con dolor crónico incluyen tristeza persistente, irritabilidad, sentimientos de desesperanza, problemas para dormir, aislamiento social y pérdida de interés en pasatiempos o actividades que antes disfrutaban. Es importante no ignorar estos síntomas, ya que merecen la misma atención médica que el dolor físico.

Por qué el dolor crónico puede aislarnos tanto

A diferencia de un brazo fracturado o de una lesión visible, el dolor crónico suele ser invisible.

Muchas personas parecen estar sanas por fuera mientras enfrentan síntomas intensos por dentro. Lamentablemente, esto puede dar lugar a malentendidos por parte de amigos, compañeros de trabajo e incluso familiares.

Con frecuencia, los pacientes escuchan comentarios como: “No pareces estar enfermo” o “Todos tenemos dolores y molestias de vez en cuando”.

Aunque por lo general estos comentarios se hacen con buena intención, pueden hacer que las personas se sientan incomprendidas y aisladas.

La concientización sobre el dolor es importante porque ayuda a reducir este estigma. El dolor crónico no es simplemente una molestia pasajera; es una afección médica compleja que puede afectar profundamente todos los aspectos de la vida diaria.

Cómo ha evolucionado el tratamiento del dolor

El campo de la medicina del dolor ha experimentado cambios importantes durante los últimos 50 años.

En las décadas de 1970 y 1980, las opciones de tratamiento eran relativamente limitadas. Los médicos dependían principalmente de:

  • Aspirina
  • Paracetamol (acetaminofén) (Tylenol)
  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno y el naproxeno
  • Medicamentos opioides, como la morfina, la codeína, la hidrocodona y la oxicodona

Aunque estos medicamentos siguen siendo herramientas valiosas en la actualidad, todos tienen sus limitaciones. La aspirina y AINE pueden aumentar el riesgo de irritación estomacal, úlceras, problemas renales y complicaciones cardiovasculares. El paracetamol (acetaminofén) puede causar daño hepático cuando se toma en dosis elevadas. Por su parte, los medicamentos opioides pueden proporcionar un alivio eficaz del dolor, pero también conllevan riesgos, entre ellos dependencia, adicción, depresión respiratoria, estreñimiento y sobredosis.

Ante la creciente preocupación por el uso indebido de los opioides, la comunidad médica ha empezado a implementar estrategias más integrales y adaptadas a las necesidades de cada paciente para el tratamiento del dolor.

El enfoque moderno para el tratamiento del dolor

En la actualidad, los especialistas en dolor se enfocan en tratar a la persona de manera integral, en lugar de limitarse a aliviar los síntomas.

El tratamiento eficaz del dolor suele combinar diversas estrategias terapéuticas, entre ellas los medicamentos mencionados anteriormente, los antiinflamatorios de venta con receta médica, los medicamentos para el dolor neuropático y ciertos antidepresivos.

Estos tratamientos pueden proporcionar un alivio considerable del dolor y, al mismo tiempo, ayudar a reducir algunos de los riesgos asociados al tratamiento prolongado con opioides.

Fisioterapia

La fisioterapia se ha convertido en un pilar fundamental del tratamiento moderno del dolor. Los programas de ejercicio guiado ayudan a mejorar la fuerza, la flexibilidad y la movilidad. Aunque puede resultar difícil moverse cuando hay dolor, la actividad física supervisada y adaptada a las necesidades de cada persona suele ayudar a reducir el dolor y mejorar la calidad de vida con el tiempo.

Terapias de salud del comportamiento (conductual)

Debido a que el dolor afecta tanto al cuerpo como al cerebro, el apoyo psicológico se ha convertido en una parte importante del tratamiento. Entre estas opciones se encuentran la terapia cognitivo-conductual (TCC; CBT por sus siglas en inglés), las prácticas de atención plena (mindfulness), las técnicas para controlar el estrés y diversas herramientas para ayudar a las personas a sobrellevar el dolor.

Estos tratamientos no significan que el dolor sea de origen psicológico. Más bien, ayudan a los pacientes a desarrollar herramientas para afrontar mejor la carga emocional asociada al dolor crónico.

Procedimientos intervencionistas

En algunas personas, los tratamientos dirigidos pueden proporcionar un alivio significativo mediante:

  • Inyecciones de esteroides
  • Bloqueo de nervios
  • Inyecciones en puntos reflexógenos
  • Ablación por radiofrecuencia

Estos procedimientos tienen como objetivo interrumpir las vías de transmisión del dolor y reducir los síntomas cuando los medicamentos por sí solos no son suficientes.

Los opioides se siguen utilizando en el tratamiento del dolor

A pesar de la creciente precaución en su uso, los opioides continúan siendo una opción importante en determinadas situaciones, entre ellas:

  • Recuperación después de una cirugía
  • Lesiones traumáticas graves
  • Dolor relacionado con el cáncer
  • Cuidados paliativos y atención al final de la vida

En la actualidad, los proveedores de atención médica suelen utilizar estos medicamentos de manera más selectiva y cuidadosa, haciendo hincapié en el monitoreo continuo de los pacientes y en las estrategias para reducir los riesgos asociados a su uso.

Nuevos avances en el alivio del dolor

Quizá uno de los avances más prometedores en la medicina del dolor sea el surgimiento de terapias innovadoras diseñadas para proporcionar alivio con menos riesgos que los asociados a muchos tratamientos tradicionales. A principios de 2025 se aprobó la primera clase completamente nueva de medicamentos para el dolor en más de 20 años. Este nuevo medicamento actúa bloqueando las señales de dolor en los nervios periféricos antes de que lleguen al cerebro. Este singular mecanismo representa un avance significativo, ya que podría proporcionar un alivio eficaz del dolor sin algunos de los riesgos, como la dependencia y la adicción, que suelen vincularse a los medicamentos opioides.

Nuestros médicos y equipos de atención le escuchan detenidamente, se centran en lo que le importa a usted y colaboran con usted para apoyar su bienestar general, para ayudarle a vivir una vida más saludable. Busque un médico

Los científicos también están analizando si este tipo de tratamientos podría ayudar algún día a personas que viven con dolor crónico o afecciones que afectan los nervios.

Es posible que encuentre algunos enlaces que lleven a contenido disponible solo en inglés.


Fuentes

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