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2 de marzo de 2023

El 8 de marzo es el Día Nacional de No Fumar, un día concebido para acercarse a amigos o familiares que sufren de adicción a la nicotina y animarles a dejar de fumar. Si usted o un ser querido fuma, esperamos que le sirva de inspiración la historia del ex-fumador Ron Aaron Eisenberg.

Me llamo Ron y son un fumador reformado. Fumaba 3 cajetillas al día hasta que lo dejé en 1977. Todos los días. Todo el año. En total, 21,900 cigarrillos al año, que son muchos cigarrillos.

Yo nací en 1942. En las décadas de los 40 y 50, fumar cigarrillos era algo que adoptaron tanto los jóvenes como las personas mayores. La gente fumaba en trenes, aviones y autos. En el trabajo, en hospitales y en casa. Fumar se presentaba como algo sexy. Era algo que hacían las personas atractivas y exitosas. Bueno, por lo menos eso era lo que prometía la publicidad.

Cuando los televisores se convirtieron en preciados electrodomésticos, se veía a las personas fumar en dramas (telenovelas), comedias y programas de entrevistas. Los anuncios en periódicos y revistas mostraban a celebridades fumando sin parar. Las compañías tabaqueras incluso incorporaban “médicos” que avalaban las marcas de cigarrillos por considerar que no había peligro en fumar.

Yo comencé a fumar cuando tenía quince o dieciséis años de edad. Mis padres habían fumado. Pero lo dejaron a principio de los años 50; recuerdo el día. Estaban haciendo las maletas para un viaje a Nueva York a visitar a la familia. Mi papá estaba metiendo paquetes de cigarrillos Chesterfield en la maleta. Paquete tras paquete. De repente, dejó de hacerlo y volteó hacia mi mamá y dijo, “Evelyn, ¿qué estamos haciendo? Tenemos que dejar de fumar”. Y así lo hicieron. Así nada más. De golpe. Mucho antes de que el Cirujano General de los Estados Unidos emitiera su advertencia sobre los peligros de fumar cigarrillos en 1964.

El informe del Cirujano General y posteriores prohibiciones de anunciar cigarrillos en la tele empezaron a cambiar la percepción del público acerca de fumar cigarrillos. La relación entre fumar y cáncer de pulmón quedó demostrada.

Al final de 1965, se le exigió a la industria tabaquera colocar etiquetas en sus productos y en su publicidad para advertir al público sobre los riesgos para la salud asociados al tabaquismo. Sin embargo, millones de estadounidenses seguían fumando, yo incluido. Los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) calcularon que alrededor de 400,00 personas morían cada año como resultado de haber fumado cigarrillos. Eso sigue siendo cierto hoy en día.
Así que, ¿qué me hizo dejar de fumar en 1977? El catalizador fue el nacimiento inminente de mi hijo, Mitch. Supe, intuitivamente, que, si no quería que él fumara, yo tenía que dejar de fumar. De otra forma, sin importar lo que yo dijera, mi tabaquismo lo llevaría a él a fumar.

Encontré un libro de autoayuda con consejos sobre cómo dejar de fumar. No recuerdo el título ni el nombre del autor. Lo que sí recuerdo es que la recomendación principal era dejar de fumar “un cigarrillo a la vez”. El libro describía un truco mental de decirse a uno mismo al tener ganas de fumar un cigarrillo, “Decido no fumarme este cigarrillo”. Y eso fue lo que hice. Lo dejé de golpe. Un cigarrillo a la vez.

No fue fácil. Mis amigos y familiares me dijeron que era un gruñón. Un verdadero gruñón. Pero en más o menos una semana, ya no tenía ganas de fumar cigarrillos y mi ánimo empezó a mejorar. Eso sucedió en 1977. No he fumado un cigarrillo desde entonces. Sin embargo, sé, sin lugar a dudas, que, si me fumara un cigarrillo, estaría de vuelta justo donde estaba. Fumando 21,900 cigarrillos al año y oliendo a cenicero viejo y usado.
Y nadie quiere oler a cenicero.

Ron Aaron Eisenberg tiene una maestría en Humanidades y un doctorado en Jurisprudencia, y copresenta dos programas de radio y podcasts de WellMed – Caregiver SOS on Air y Docs in a Pod. Él y su esposa, Gina Galaviz Eisenberg -que nunca ha fumado- viven en San Antonio, Texas.

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