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7 de diciembre de 2023

de Brandy F. Gosdin, Asociada Médica certificada

USMD Las Colinas

 

La mayoría de nosotros conocemos a alguien que ha sufrido durante semanas lo que creía que era un resfriado para luego ir al médico y descubrir que tenía neumonía.

La neumonía es una de las principales causas de enfermedad y muerte en todo el mundo. Es de máxima gravedad en determinadas poblaciones de alto riesgo, como niños, ancianos y pacientes inmunodeficientes.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la neumonía fue responsable de más de un millón de visitas a las salas de emergencia y mató a casi 45,000 personas en Estados Unidos en 2021.

La neumonía puede ser causada por bacterias, virus o incluso hongos. La neumonía bacteriana suele manifestarse con tos, fiebre y dificultad para respirar. Afecta más comúnmente a un pulmón (aunque puede afectar a ambos) y, si se detecta de manera temprana y se trata con antibióticos, tiene una alta tasa de recuperación.

La neumonía fúngica es poco frecuente en personas sanas y afecta sobre todo a las que tienen el sistema inmunitario comprometido; un ejemplo es la Pnuemocystis jirovecii (PCP, por sus siglas en inglés), comúnmente conocida por afectar a pacientes con VIH.

La neumonía vírica es más frecuente en niños, suele ser de aparición más lenta y sus síntomas incluyen tos, fatiga y falta de apetito. Con menor frecuencia, puede haber fiebre o dificultad para respirar. Comúnmente afecta a ambos pulmones.

Aunque algunos medicamentos antivirales han resultado útiles en casos graves, el tratamiento es principalmente de apoyo: reposo, líquidos, acetaminofén (paracetamol) o ibuprofeno, medicamentos para la tos y oxígeno, si es necesario.

La neumonía vírica suele aparecer tras una enfermedad causada por un resfriado, la gripe, el COVID-19 o el VRS (virus respiratorio sincitial). La neumonía que se desarrolla a partir de estas infecciones víricas puede ser grave y requerir hospitalización, por lo que es mejor intentar evitar que se produzca la primera infección.

Por eso son importantes vacunas como las de la gripe, el COVID-19 y el VRS. La vacuna contra el VRS puede recomendarse para algunos adultos mayores. Estas vacunas son eficaces para reducir o prevenir la gripe, el COVID-19 y el VRS, que pueden provocar neumonía vírica.

Los adultos mayores de 65 años suelen tener un mayor riesgo de contraer neumonía y sus síntomas pueden ser más difíciles de detectar. Pueden tener o no una tos perceptible y con frecuencia tienen poco apetito, fatiga e incluso confusión. Es importante que cualquier persona que experimente dificultad para respirar, falta de apetito, fatiga, fiebre de 100.5 o más, o una tos que dure más de 10 días acuda a su médico de inmediato.

Existen diferentes variantes de vacunas contra la neumonía que protegen contra la bacteria neumocócica. Algunas están más dirigidas a los tipos de bacterias neumocócicas que afectan a los niños, mientras que otras son específicas de las que afectan a los adultos mayores. Los pacientes deben hablar con su médico de atención primaria sobre qué vacuna y programación de vacunación es mejor para ellos.

Además de las vacunaciones de rutina, hay otras formas de mantenerse sano durante esta temporada de enfermedades: llevar mascarilla en público, mantener la distancia social, limpiar constantemente las superficies y lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón.

Mis colegas y yo estamos de acuerdo en que sólo atendimos una fracción de los casos de gripe que vemos normalmente mientras todos tomábamos estas precauciones adicionales durante la pandemia. Está muy claro que estas medidas reducen la transmisión de patógenos respiratorios, reduciendo así la posibilidad de desarrollar neumonía.

Brandi F. Gosdin, Asociada Médica certificada, ejerce en USMD Las Colinas Clinic en Irving, Texas. Obtuvo su licenciatura en Ciencias en la Universidad A&M de Texas, en College Station, y su maestría en Estudios de Asociado Médico en The University of Texas Southwestern Medical School in Dallas. 

 

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