El hígado trabaja arduamente todos los días para ayudar a digerir los alimentos, procesar medicamentos, eliminar toxinas y almacenar nutrientes importantes. Una dificultad es que muchas enfermedades hepáticas se desarrollan de manera silenciosa, con pocos o ningún síntoma en las etapas iniciales. Por eso las pruebas de detección pueden ser importantes, especialmente para las personas con factores de riesgo, como obesidad, diabetes, consumo excesivo de alcohol o antecedentes de hepatitis.
Pruebas sencillas que pueden ayudar a detectar enfermedades hepáticas
Análisis de sangre
Un análisis de función hepática, también conocido como perfil hepático, suele ser el primer paso para evaluar la salud del hígado. Estos análisis miden distintos niveles de enzimas, proteínas y otras sustancias presentes en la sangre que ayudan a evaluar el funcionamiento del hígado.
Los resultados anormales no siempre significan que exista una enfermedad hepática, pero pueden ser una señal temprana de que el hígado requiere una evaluación más detallada.
Pruebas hepáticas mediante ultrasonido
Pruebas como FibroScan® utilizan tecnología de ultrasonido para detectar cicatrices y rigidez en el hígado.
Estas pruebas son rápidas, no duelen, no son invasivas y se realizan sin necesidad de agujas ni cirugía. Junto con los análisis de sangre, pueden ayudar a detectar problemas hepáticos antes de que se produzcan daños graves.
Tres enfermedades hepáticas comunes que estas pruebas pueden ayudar a identificar
Enfermedad del hígado graso asociada a disfunción metabólica (MASLD)
La enfermedad del hígado graso asociada a disfunción metabólica, también conocida como enfermedad hepática esteatósica, (MASLD, por sus siglas en inglés) ocurre cuando se acumula un exceso de grasa en el hígado. Está íntimamente relacionada con la obesidad, la diabetes tipo 2, el colesterol alto, la presión arterial alta y la falta de actividad física.
Muchas personas no presentan síntomas y desconocen que tienen esta afección. Con el tiempo, la enfermedad del hígado graso asociada a disfunción metabólica puede causar cicatrización del hígado, cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
Hepatitis viral
La hepatitis es una infección viral que provoca inflamación del hígado. La hepatitis B y la hepatitis C son especialmente importantes porque pueden dañar el hígado de forma silenciosa durante años sin causar síntomas.
La vacunación puede ayudar a prevenir la hepatitis B, y existen tratamientos eficaces para muchas personas con hepatitis C.
Cáncer de hígado
El cáncer de hígado suele desarrollarse en personas que ya tienen una enfermedad hepática crónica, como hepatitis, cirrosis o enfermedad del hígado graso en etapas avanzadas.
Al igual que muchas enfermedades hepáticas, el cáncer de hígado puede no causar síntomas hasta que la enfermedad se encuentra en una etapa más avanzada, por lo que la prevención y la detección temprana son especialmente importantes.
Cuándo hablar con su médico
Considere la posibilidad de consultar a su médico sobre las pruebas de detección hepática si presenta alguno de los siguientes factores:
- Obesidad o sobrepeso
- Diabetes tipo 2
- Colesterol alto
- Hipertensión (presión arterial alta)
- Consumo excesivo de alcohol
- Antecedentes de hepatitis
- Resultados anormales en las pruebas de sangre para evaluar el hígado
- Antecedentes familiares de enfermedad hepática
Conclusión
Muchas enfermedades hepáticas pueden desarrollarse durante años sin causar síntomas. Los sencillos análisis de sangre y las pruebas hepáticas mediante ultrasonido pueden ayudar a detectar problemas de forma temprana, cuando el tratamiento y los cambios en el estilo de vida pueden tener el mayor impacto. Si tiene factores de riesgo para desarrollar una enfermedad hepática, hable con su médico para saber si debe hacerse estas pruebas.