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Un viaje misionero brinda atención médica a quienes más la necesitan y representa una experiencia invaluable para una asociada médica y su hijo

Un viaje de voluntariado beneficia a otros y deja recuerdos imborrables a una asociada médica y a su hijo

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¿Se imagina visitar un país extranjero, conocer una nueva cultura en un lugar tropical y generar un impacto positivo en la vida de otras personas?

Magdalena Chávez, Asociada Médica certificada, que atiende pacientes en WellMed at Mid-Cities en Bedford, Texas, y su hijo regresaron recientemente de una experiencia de este tipo. Ambos participaron en labores de voluntariado durante una semana en junio con One World Surgery, una organización sin fines de lucro que recluta personal médico y a sus familias para colaborar en clínicas de Honduras y la República Dominicana.

Magdalena y su hijo de 14 años pasaron una semana en Honduras. Allí, Magdalena brindó la tan necesaria atención médica primaria en la clínica, mientras que su hijo apoyó en diversas tareas en la cocina y en la granja de la organización.

“Lo que él más disfrutó fue la granja”, comentó Magdalena. “Pudo ayudar a una vaca enferma, guiar a un ternero de regreso a su corral y cuidar a los cerdos, que fueron sus preferidos. Él está considerando seguir una carrera en medicina o ciencias, así que esta fue una excelente oportunidad para que adquiriera experiencia”.

Mientras Magdalena y el resto del equipo de atención primaria atendían a una gran cantidad de pacientes, recibían pequeños obsequios y abrazos como muestras de agradecimiento que hicieron la experiencia aún más gratificante.

“Mi primera paciente estaba tan feliz de ser atendida que me dio un gran abrazo y me regaló una flor que llevaba en el cabello y me la colocó en el mío antes de irse”, recordó Magdalena. “Creo que todos recibimos más abrazos y sonrisas en una semana de los que normalmente recibo en todo un mes. Este viaje fue un gran recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos y de que todas las personas merecen ser vistas y atendidas”.

Sin embargo, no todo fue trabajo durante el viaje. Para sorpresa de Magdalena, también hubo bastante tiempo libre cada tarde, lo que permitió que ella y los demás voluntarios convivieran, hicieran caminatas, jugaran pickleball y leyeran.

“El equipo anfitrión hizo un trabajo extraordinario para mantenernos entretenidos y cómodos”, señaló Magdalena. “En casa, después de terminar en la clínica, siento que siempre estoy haciendo mandados o atendiendo tareas del hogar.

En Honduras, realmente tuvimos tiempo para relajarnos y recargar energías al final de cada día. Fue una grata sorpresa”.

¿Lo volvería a hacer?

“¡Por supuesto! Mi hijo también quiere regresar”, afirmó Magdalena.

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