El equipo que acudió al rescate de la paciente Victoria: de izquierda a derecha, la Dra. Liliana (Sandra) Oakes, la enfermera Lori García, el asociado médico Jason Jackson y la trabajadora social Annette Ramos.
Se tenían la una a la otra, pero estaban solas y estaban asustadas.
Victoria e Ilene, ambas de 88 años, han sido mejores amigas durante 34 años.
Victoria es frágil. Fue diagnosticada con cáncer hepático (de hígado) y frecuenta la sala de emergencias. Ilene, su cuidadora, llegó a sentirse agotada y sin saber qué hacer por su amiga.
Viven juntas en el lado noreste de San Antonio. Victoria, originaria de México, solo habla español, y el español de Ilene es limitado.
Antes del diagnóstico de Victoria, las amigas llevaban vidas sencillas, llenas de rutinas y cuidado mutuo. Luego, la amarga punzada del cáncer rompió su frágil paz.
Acostumbrada a desplazarse con su andador con ruedas, Victoria se debilitó tanto que ya no pudo usarlo, mientras la enfermedad le robaba las fuerzas. Luego Ilene, la más fuerte de las dos, empezó a mostrar señales de demencia. La carga del cuidado se volvió rápidamente abrumadora. Sin familia cerca y con sistemas de apoyo limitados, las dos mujeres se encontraron aisladas, asustadas y frustradas.
Por suerte, el equipo de cuidados de apoyo de WellMed, encabezado por la directora médica Dra. Liliana Oakes, se enteró de la situación de Victoria y el trabajo comenzó . El equipo está formado por médicos, clínicos de práctica avanzada, enfermeros y trabajadores sociales. Su objetivo es apoyar a pacientes con enfermedades que limitan la vida, ayudándoles a definir sus metas de vida y atención, y mejorar su calidad de vida.
El asociado médico Jason Jackson realizó la primera visita a domicilio e incorporó a Victoria al programa. Luego, la enfermera registrada, Lori García, la visitó para comenzar su trabajo.
“Mi objetivo era asegurarme de que Victoria tuviera todo lo que necesitaba, y que su cuidadora Ilene recibiera apoyo para poder cuidarla”, dijo Lori. Comenzó a brindarles información educativa sobre una dieta equilibrada y saludable, riesgos de caídas en el hogar y cumplimiento de la medicación. Sin embargo, estaba claro que el idioma era una barrera.
“Usamos los servicios de interpretación telefónica de LanguageLine, pero la paciente y su cuidadora a menudo discutían en español y hasta confundían al intérprete”, comentó Lori.
Fue entonces cuando intervino la Dra. Oakes, cuyo idioma nativo es el español. La Dra. Oakes describió a Victoria como muy enferma, debilitada y sobremedicada. “Victoria estaba vomitando y no había comido en varios días”, dijo la Dra. Oakes. Una reciente visita a la sala de emergencias no logró ayudar a Victoria, y la Dra. Oakes descubrió que sus medicamentos le estaban causando más daño que beneficio.
“Estaba tomando grandes cantidades de ibuprofeno, lo que solo agravaba su gastritis”, dijo la Dra. Oakes. “Revisé sus medicamentos uno por uno, eliminé muchos y envié nuevas recetas a la farmacia.
Igualmente preocupante para la Dra. Oakes era el estado emocional de Ilene. Era evidente que tenía un problema de demencia, por lo que la carga emocional de intentar cuidar a su amiga era inmensa. “Ilene lloraba, expresando impotencia. Decía que ya no podía seguir cuidándola”, comentó la Dra. Oakes.
Aunque la trabajadora social Annette Ramos las había visitado dos semanas antes, la Dra. Oakes le pidió que regresara. Sabía que la atención que Victoria e Ilene necesitaban iba más allá de los síntomas físicos; era necesario abordar sus necesidades emocionales.
Annette volvió, decidida a cerrar esa brecha. “Durante mi primera visita, me enteré de que Victoria e Ilene habían estado en la sala de emergencias la noche anterior, así que era evidente que estaban cansadas y tenían poco interés en hablar conmigo”, dijo Annette.
En la segunda visita, Ilene parecía desconfiada, pero escuchaba mientras Annette explicaba los servicios a domicilio disponibles para ellas, así como los cuidados terminales (hospice). “Me dijo que no necesitaban nada y que Victoria iba a permanecer en casa. Cuando le expliqué que los cuidados terminales eran servicios que les daban en casa, me miró como si le estuviera diciendo algo que no era verdad”, comentó Annette. “No sabía si iba a lograr algo, pero Victoria me dijo que sí le interesaban los servicios”.
Ilene comenzó a entender poco a poco. Victoria fue admitida en cuidados terminales en un plazo de 72 horas.
El equipo también trabajó para organizar servicios de asistencia personal, como bañar, vestir, cocinar y limpiar. Ilene rechazó el programa Meals on Wheels e insistió en que podía encargarse de la comida, aunque no recordaba las contraseñas de su teléfono para configurar Uber. A pesar de estas barreras, la casa estaba ordenada y las mujeres seguían siendo profundamente independientes.
Durante las visitas, el equipo de atención respetaba la autonomía de las amigas y a la vez las guiaba suavemente para recibir apoyo. Comprendían que ambas mujeres habían tomado sus propias decisiones durante décadas. El desafío no era solo médico: era cultural, emocional y profundamente personal.
A lo largo de todo el proceso, la condición de Victoria mejoró y el equipo se ganó su confianza, las orientó con empatía y construyó un puente entre el miedo y la atención. “Es labor de toda una comunidad”, agregó la Dra. Oakes. “Y me alegra que tengamos la mejor”.
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