Amy Matta, Demetria Brabant y Amy Brummond
A veces, las cosas no salen como se espera. Ese fue el caso de Demetria Brabant, una paciente de 66 años. En febrero de este año, Demetria se sometió a una cirugía de hombro. Esa fue la parte fácil. Después de la operación, sus niveles de bióxido de carbono (CO₂) seguían aumentando. Fue entonces cuando los médicos descubrieron que su diafragma había quedado paralizado durante la cirugía, lo que le dificultaba enormemente la respiración. A medida que sus niveles de saturación de oxígeno comenzaron a descender peligrosamente, Demetria fue ingresada en la unidad de cuidados intensivos (UCI, o ICU, por sus siglas en inglés), donde permaneció varios días.
Tras aproximadamente una semana de hospitalización, Demetria fue dada de alta y trasladada primero a un centro de enfermería de rehabilitación y, posteriormente, a su hogar en Austin, Texas, donde vive sola. Sin embargo, al reflexionar sobre lo ocurrido, Demetria reconoce que aún no se encontraba completamente recuperada.
“Mis niveles de CO₂ deben haber estado altos”, recordó. “Estaba aturdida y confundida. Mi hermana notó que arrastraba las palabras cuando hablaba por teléfono con ella, y cuando intentaba levantarme del sofá, terminaba cayéndome”. En una de esas ocasiones, su hija y su yerno tuvieron que llamar al 911 para que la ayudaran a levantarse después de una caída.
Demetria fue hospitalizada varias veces más por distintos motivos, entre ellos asma grave e incluso una perforación en el corazón acompañada de insuficiencia cardíaca congestiva. Sin embargo, la esperanza y la ayuda que necesitaba estaban a solo una llamada.
Amy Matta ha dedicado más de dos décadas a ayudar a los pacientes de WellMed. Los primeros 18 años los pasó en la clínica WellMed at Pecan Valley en San Antonio.
Ahora, como integrante del equipo de resultados de proveedores contratados y trabajando a distancia, sus días transcurren entre conversaciones aparentemente rutinarias pero significativas. Amy llama a los pacientes al cabo de un par de días después de que reciben el alta hospitalaria para saber cómo se encuentran, asegurarse de que estén bien y ayudarlos a programar la atención de seguimiento, que a menudo incluye una consulta virtual con un profesional de enfermería de práctica avanzada. Aunque forma parte de su trabajo diario, ella sabe que cada llamada puede ser decisiva.
Un día en particular, lo que comenzó como una llamada rutinaria de seguimiento tras el alta hospitalaria pronto tomó un giro inesperado.
Amy se comunicó con Demetria esperando realizar un seguimiento habitual, pero desde los primeros momentos de la conversación, notó que algo andaba mal. Demetria hablaba con dificultad, respiraba con esfuerzo y hacía largas pausas entre palabras. Para Amy, aquellas señales fueron suficientes para saber que algo requería atención inmediata.
Con calma, Amy comenzó a hacerle algunas preguntas. ¿Estaba usando oxígeno? ¿Se le dificultaba respirar? La voz de la paciente no sonaba normal. Algo andaba mal.
Sin perder tiempo, Amy le dijo: “Permítame buscar una enfermera”, y se comunicó con su equipo para averiguar si había alguna enfermera práctica con licencia (LPN, por sus siglas en inglés) disponible para intervenir de inmediato.
Amy Brummund, quien también trabaja a distancia y se desempeña como enfermera práctica con licencia y forma parte de WellMed desde febrero de 2022, respondió de inmediato al llamado y no dudó en intervenir. “Yo la atiendo”, dijo, tomando el caso de una paciente en Austin a quien no conocía.
A partir de ese momento, inició una evaluación minuciosa y llena de empatía. Amy hizo todas las preguntas clave para evaluar la situación: posibles dolores en el pecho, el uso de oxígeno, su cirugía reciente, dificultades respiratorias y antecedentes médicos. Las respuestas de Demetria fueron revelando un panorama cada vez más alarmante.
Demetria explicó que su diafragma había quedado paralizado durante la cirugía. Estaba sola, sus niveles de oxígeno eran bajos y se sentía confundida. Cuando Amy B. le pidió que revisara su nivel de oxígeno, la lectura confirmó la gravedad de la situación, ya que había descendido a un nivel peligrosamente bajo.
Aquello no podía esperar hasta la próxima cita médica.
“Necesita ir a la sala de emergencias”, le dijo Amy B. con calma, pero con un claro sentido de urgencia.
Demetria titubeó. No quería molestar a su hija, que trabaja a tiempo completo, ni a algún vecino.
Amy B. mantuvo la calma y procuró tranquilizarla. “No creo que deba esperar”, le dijo. “Sus síntomas son graves”.
La ayudó a encontrar un número telefónico de asistencia no urgente, pero Demetria respondió que llamaría al 911. Entonces, de repente, se cortó la llamada.
Amy B. intentó comunicarse de nuevo, pero Demetria seguía sin contestar.
Sin perder un segundo, Amy B. se comunicó a la línea local de asistencia no urgente del condado donde vivía Demetria. Después de explicar la situación, recibió la confirmación que esperaba. Demetria había logrado comunicarse al 911 y ya se encontraba una ambulancia en su domicilio.
Solo entonces Amy B. pudo respirar con algo más de tranquilidad, pero la preocupación por la paciente no terminó ahí.
A la mañana siguiente, volvió a comunicarse para darle seguimiento.
Demetria había sido hospitalizada.
Los médicos descubrieron que Demetria había estado sufriendo privación de oxígeno e insuficiencia respiratoria secundaria debido a niveles peligrosamente altos de bióxido de carbono (CO₂).
Gracias a que dos mujeres prestaron atención, escucharon, confiaron en su instinto y actuaron con rapidez, Demetria recibió la ayuda que necesitaba. Actualmente, ya no requiere oxígeno suplementario y reporta niveles de oxígeno dentro de los parámetros normales.
“Los médicos y enfermeros de WellMed me han tratado de maravilla”, afirmó Demetria. “Han sido muy amables; me han escuchado y han comprendido lo que estaba pasando”.
Al recordar lo sucedido, Amy Matta no considera que lo que ella y Amy Brummund hicieron haya sido algo extraordinario.
“Estaba preocupada”, dijo sencillamente. “Quería asegurarme de que estuviera bien. Eso es lo que hago todos los días”.
Y quizá eso es lo que hace que esta historia sea tan impactante.
Para las dos Amys, nunca se trató de recibir reconocimiento. Tampoco de hacer algo fuera de lo común. Lo que hicieron fue desempeñar su trabajo con empatía, sentido de urgencia y la firme convicción de que cada llamada a un paciente es importante, porque a veces, cuando las cosas no salen como se espera, una llamada puede significar mucho más de lo que parece. Es una oportunidad para ayudar a que las cosas salgan bien.
A veces, representa una tabla de salvación.
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