Hoy es el Día Mundial contra la Hepatitis, un momento oportuno para conocer más sobre el hígado y las enfermedades que pueden afectar el funcionamiento de este órgano vital si no se diagnostican y tratan a tiempo.
La hepatitis B y la hepatitis C crónicas son las principales causas de enfermedades hepáticas graves, como la cirrosis, el cáncer de hígado y las muertes relacionadas con la hepatitis viral. Siga leyendo para obtener más información.
A medida que las personas envejecen, cuidar la salud del hígado adquiere una importancia cada vez mayor. Debido a que el hígado desempeña funciones esenciales, como filtrar toxinas, producir proteínas y contribuir a la digestión, cualquier afección que lo dañe puede tener un impacto importante en la salud general.
La hepatitis A, la hepatitis B y la hepatitis C son infecciones virales que pueden afectar gravemente la salud, especialmente en los adultos mayores. Aunque la hepatitis A y la B pueden prevenirse mediante vacunación, no existe una vacuna contra la hepatitis C.
La hepatitis
La hepatitis es la inflamación del hígado. Aunque existen distintos tipos de hepatitis, las hepatitis A, B y C son infecciones virales que afectan el hígado de formas distintas. Algunas infecciones son de corta duración y se resuelven por sí solas, mientras que otras pueden volverse crónicas y provocar daño hepático a largo plazo, cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
La inflamación del hígado también puede ser causada por el consumo de alcohol, enfermedades autoinmunes y otras afecciones.
Cuando el hígado permanece inflamado durante un período prolongado, como ocurre en la hepatitis crónica, el cuerpo intenta repetidamente reparar el tejido hepático dañado. Este proceso de reparación puede dar lugar a la formación de tejido cicatricial. La acumulación de este tejido cicatricial se conoce como fibrosis hepática, una afección grave que daña el hígado y dificulta su funcionamiento adecuado.
La hepatitis B y la hepatitis C crónicas son causas frecuentes de fibrosis hepática porque pueden provocar una inflamación persistente del hígado durante años. Afortunadamente, la fibrosis hepática detectada en etapas tempranas puede estabilizarse e incluso mejorar si la hepatitis subyacente se trata con éxito, especialmente antes de que se desarrolle la cirrosis.
Por qué la hepatitis C supone un riesgo particular para los adultos mayores
La hepatitis C (VHC, o HCV, por sus siglas en inglés) es una de las formas más comunes de hepatitis viral en los Estados Unidos. Puede ser especialmente peligrosa para los adultos mayores porque puede pasar desapercibida durante años y causar daños graves en el hígado.
El riesgo de complicaciones por hepatitis C crónica también tiende a aumentar con la edad. Cuanto más tiempo permanezca el virus en el cuerpo, mayor será la posibilidad de que se produzca fibrosis hepática, cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
Pruebas de detección de la hepatitis C
Debido a que la hepatitis C puede ser difícil de diagnosticar sin realizar pruebas específicas, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los Estados Unidos (USPSTF, por sus siglas en inglés) recomienda que todos los adultos de entre 18 y 79 años se sometan a una prueba de detección, independientemente de sus factores de riesgo.
La detección se realiza mediante un análisis de sangre, el cual puede identificar si una persona ha estado expuesta al virus o si tiene una infección activa. En la mayoría de los adultos que no presentan síntomas, una prueba de detección única suele ser suficiente.
Cómo se transmite la hepatitis C
La hepatitis C se transmite por contacto con sangre infectada. Las personas pueden contraer el virus al compartir agujas, jeringas u otros equipos para la inyección de fármacos o drogas, o al estar expuestas a sangre contaminada en determinados entornos laborales.
También pueden tener un mayor riesgo las personas que recibieron transfusiones de sangre o trasplantes de órganos antes de que se introdujeran de manera generalizada las pruebas de detección de la hepatitis C a principios de los años noventa.
Síntomas de la hepatitis C
Conocida como una “infección silenciosa” debido a que con frecuencia no presenta síntomas, la hepatitis C puede causar fatiga, fiebre, dolor articular, pérdida del apetito y molestias abdominales, así como orina oscura, heces de color claro e ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel y los ojos.
Tratamiento para la hepatitis C
La hepatitis C tiene un alto índice de curación. Los medicamentos antivirales de acción directa (AAD, o DAA, por sus siglas en inglés) modernos pueden curar más del 95% de las infecciones por hepatitis C con un tratamiento oral de entre 8 y 12 semanas. Cuando el tratamiento es exitoso, puede eliminar el virus, reducir la inflamación del hígado, prevenir daño hepático adicional y frenar o detener la progresión de la fibrosis hepática. Además, puede disminuir el riesgo de desarrollar cáncer de hígado e insuficiencia hepática.
Cómo proteger su hígado
La adopción de hábitos de vida saludables puede ayudar a proteger la salud del hígado. Limitar el consumo de alcohol, mantener un peso saludable, seguir una alimentación equilibrada, realizar actividad física con regularidad y controlar adecuadamente las enfermedades crónicas con la ayuda de su proveedor de atención médica puede reducir la carga sobre el hígado y disminuir el riesgo de complicaciones. Además, recibir las vacunas recomendadas, incluidas las de la hepatitis A y la hepatitis B, también contribuye a mantener un hígado sano.
Para las personas con hepatitis C, es esencial iniciar el tratamiento a tiempo para prevenir el daño hepático a largo plazo y mantener una buena calidad de vida.